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Es una historia conocida por muchos, y que aparentemente tuvo lugar en unos grandes almacenes de los Estados Unidos.
Unos ladrones entraron en un almacén sólo para cambiar los precios de las cosas y no robaron nada.
A la mañana siguiente eran los primeros esperando que los almacenes abriesen, para comprar todo lo de máximo valor por muy poco precio.
La gente de la tienda no se dio cuenta hasta que era demasiado tarde.
No creas que es sólo una historia curiosa, eso es lo que nuestra sociedad hace muchas veces.
El mundo cambia los valores de las cosas, y nos hace pensar que aquellas que tienen mucho valor, no sirven de nada,
mientras pagamos nuestra vida por conseguir cosas que no tienen casi ningún valor. El problema es que nos ocurre lo
mismo que en los grandes almacenes, cuando nos damos cuenta ya es tarde, los mejores años de la vida se han ido.
Cosas importantes. Piensa el precio que tendrían...
- Una amistad sincera
- Un amanecer
- Un día de descanso
- Una palabra de ánimo
- Una madre que te ama
- Una hora jugando con tus hijos/hermanos/amigos, etc
- Una sonrisa sincera
- Un abrazo cuando estás triste
- Una buena conversación con tu padre
- Escuchar música que te gusta
- Un momento a solas con Dios
- Un paseo por la naturaleza
- Una carta o una llamada que llega en el momento oportuno “de casualidad”
Puedes añadir lo que quieras a tu lista, sólo hay una condición: que sean situaciones o cosas por las que no puedes pagar nada.
Son regalos. Ni con millones de euros podrías conseguirlas... Mientras esto ocurre, estamos tirando nuestro tiempo y nuestro dinero
en cosas que no nos sirven para nada, que se estropean y que sólo añaden amargura a nuestra vida cuando las perdemos o nos las roban.
Si quieres un buen consejo, dedícale tiempo a lo que vale la pena. Olvídate de modas, gustos, modernidades y aparatos electrónicos
para empezar a disfrutar de las relaciones y el cariño de personas que ni siquiera te habías dado cuenta que estaban ahí.
Empezando por tu Creador, Dios mismo, sin ir más lejos.
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